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jueves, 21 de marzo de 2013

Rompiendo Medidas


Capítulo 7

Darse cuenta

-No me imagino al esposo de tu hermana siendo romántico.

-Lo es, cuando se declaró no le dijo que la amaba, le dijo que había querido correr en dirección contraria y por eso iba a luchar cada día por estar a su lado.


Ben se recargó en la pared frente al salón que era utilizado para las clases de artes escénicas, durante su camino hasta ese lugar había notado ojos mirando curiosos, cuchicheos, ya fuera considerándolo un tonto o un romántico.

La hadita había tenido razón, su popularidad había sufrido un extraño giro, para algunos estar “saliendo” con esa chica loca (y no tan delgada) era extraño en él, algunos más pensaban que ya había sucumbido a las curvas como Derek.

Todos estaban tan equivocados, no había terminado con Javier, le encantaba saber que estaba ganando en su terreno, se estaba divirtiendo y para su sorpresa Leysi lo hacía todo más llevadero.

La noche anterior había querido darle el tiro de gracia, ya era hora que se comportara como una chica enamorada, quería tener su adoración completa.

Le había dicho que la llevaría a donde quisiera, sus deseos eran órdenes y toda esa chulería.

-Quiero ver las estrellas.

Maldita contestación, por un momento se había quedado en blanco, había visto la sonrisa sabelotodo en sus labios, la pequeña bruja había creído que él se negaría, le había dicho que se montara en el auto y había conducido hasta la zona alta de la cuidad, una especie de mirador urbano, buscó un lugar para estacionase y la hizo salir y admirar la vista, las estrellas arriba, miles de luces debajo.

Ella se había quedado callada por mucho tiempo, luego se había girado y dado un beso en la mejilla.

-Es hermoso.

Lo era.

Maldición, la ñoñería debía ser contagiosa, se prometió que este juego duraría solo un poco más, después se conseguiría diversión real, unos grandes pechos, un buen trasero, le diría a todos que ya había terminado su servicio de caridad.

Sus hombros se tensaron pero no pudo analizar aquella reacción, la clase había terminado y ella salió seguido por el estúpido modelito, la mano de él descansaba en el hombro de ella.

Tan jodidamente tiernos.

-Hi-, saludó ella y se alejó de Javier sin siquiera pensarlo, eso le gustó a Ben, abrió los brazos y la rodeó con ellos enterrando tenuemente el rostro es su loca melena rizada.

-¿Esta viéndonos?-, murmuró ella bajito y él sonrió, un pequeño vistazo al modelito y pudo ver su mirada confusa, su mandíbula tensa, esperaba una confrontación, cada día  que había ido a buscarla a clases él hacía lo mismo, daba media vuelta tan tenso como un palo y se iba.

-Ya se fue-, contestó aun sosteniendo a Leysi.

Ella no dijo nada por unos segundos.

-Tal vez deberíamos dejar de hacer esto.

-No.

-Muñeco.

-Bruja.

Cuando se separaron ella giró su rostro para ver el lugar donde debía estar el modelito.

-Te he dicho que él es un idiota.

-Si ya lo sabes y yo estoy dándome cuenta ¿Por qué sigues viniendo?

Ben sonrió mirándola, su melena enmarcando sus facciones, su cuerpo medio impreso en aquella ropa cómoda, se acercó y sujetó su rostro con ambas manos.

-Por esto-, murmuró antes de besarla, lenta, dulcemente, como ella, deleitándose en la suavidad, en la manera en la que ella parecía olvidarse de su “aversión” a los muñecos de plástico.

***

Lizeth terminó de lavar la cafetera y comenzó a colocarla de nuevo para dejar preparando más café cuando escuchó a Erik saludar a Alan, trató de recordar mentalmente si había mesas por atender en la cafetería pero para su desgracia no tenía esa excusa.

Ella no había querido llegar a esa situación, el era su compañero de piso, ser amigos ayudaría, tuvo que arruinarlo todo, enamorarse de un imposible, su intento de tomar distancia debía de haberlo enojado, después de aquella brusca contestación sobre la comida los dos había orbitado alrededor sin verdaderamente convivir.

Se giró hacia ellos, Erik estaba terminando de contarle sobre la oferta para sus prácticas profesionales.

-Simón me dijo que me merecía una sorpresa.

Alan sonrió pero ella pudo notar que sus mejillas se coloreaban al pensar en lo que podía ser la “sorpresa” del novio de su amigo.

-Hola-, la saludó él con una gran sonrisa, Liz trató de recordarse que quizás solo estaba agradecido porque lo rescatara de la conversación y no porque se alegrara de verla, era más fácil pesarlo que hacerlo, sus rodillas se sentía débiles.


Alan centró toda su atención en Lizeth, su cabello completamente rizado había regresado por fin, era toda ella al natural.

-¿Día tranquilo?

-Sí, una suerte, tengo mucho que estudiar.

-Creía que hoy no te tocaba turno-, contesto él y ella se encogió de hombros.

¿Era esperar demasiado que Lizeth le dijera todo, que compartiera su vida con él?

La molesta voz en su cabeza contestó: ¡Solo son compañeros de piso!

-Es cumpleaños de Derik, Lizeth esta cubriendo el turno de Sami-, explicó Erik con una sonrisa socarrona en su rostro, Alan le lanzó una mirada enojada.

-Hablando de sorpresas, ella tenía una preparada para su hombre-, siguió su amigo sin ninguna delicadeza.

-No quiero saber-, murmuró Alan, ¿Erik siempre tenía que forzar los temas?

-¿Por qué?

La voz de Lizeth llegó hasta él, delicada y suave.

Alan no llegó a procesar las palabras simplemente las dijo.

-No quiero saber si ella es feliz.

-Pues eso es mezquino. Derek la hace feliz, él es guapo, fuerte, valiente, tan dulce y tan seguro de sí mismo y de lo que siente-, defendió al tiempo que tomaba el libro detrás de ella junto a las cafeteras y caminaba hacia el cuarto de servicio.

Alan maldijo internamente.

-¿Desde cuándo ella defiende a Derek?

Erik soltó una risotada y palmeó su mano en la barra.

-Alan, a veces El Príncipe Encantador se te queda corto.

¿De qué estaba hablando?, al ver su mirada confusa su amigo le señaló con el dedo.

-Eres un tonto.


***

Tomas se despidió de Héctor, el chico encargado del horno en la pizzería en el turno de noche y salió por la puerta trasera del local, giró hacia la calle y se detuvo momentáneamente, la calidez y el placer que le provocó verla casi lo hicieron caerse, era aterrador y maravilloso a decir verdad, en ese momento, lo supo.

Si la gatita hubiera adivinado que el simple gesto de estarlo esperando fuera significaría un momento extraordinario en su vida, tal vez se hubiera reído de él pero era así.

Tomas sabía que antes había cometido muchos errores, había sido un adolescente mimado, falto de coraje, disfrutando lo que todos le daban.

Había lastimado a Sami, eso era de lo que más se arrepentía, pero ahora en ese momento, supo que su gran temor de las pasadas semanas era infundado.

Temía que la beca, el trabajo a medio tiempo para poder sacar la carrera y las demás presiones fueran demasiado para él, que al final regresaría con su padre y seguiría los dictados familiares.


Con Katerin, ni en un millón de años regresaría a lo que era, porque su antiguo yo jamás pudiera haberle gustado a la chica frente a él.

Se acercó lo suficiente después de que ella se cruzara de brazos para hacerle ver que se había quedado parado como tonto a mitad del camino.

Su cabello de nuevo estaba despeinado en puntas, llevaba un suéter ligero y parecía tener frio, sin olvidar sus inseparables tacones.

-¿Qué haces aquí gatita?-, preguntó sonriendo y la vio encogerse de hombros.


Kate respiró hondo, había sido una tontería ir a buscarlo, si él no quería verla, bien, no había ningún problema.

Frunció el ceño, sabía que a pesar de sus pensamientos, no había podido convencerse de ello los pasados días, después de que Tomas hubieras pasado casi cada momento libre con ella había desaparecido por tres días, sin una llamada o mensaje, claro, lo había visto la pasada mañana en clases, pero ella no sería tan boba como para hablar de su...  lo que fuera que intentarán tener, entre recesos.

-Solo pasaba por aquí-, contestó comenzando a caminar, él la siguió sonriendo y pasándole el brazo por los hombros.

Kate agradeció la calidez y medio se derritió con el gesto, maldita barra energética andante, era casi irresistible.

-Estoy enojada-, dijo ella en un susurro y él se separó alzando las manos.

-Sin garras, por favor.

-Eres un idiota-, replicó ella y siguió andando, Tomas la alcanzó en dos zancadas y la abrazó, su torso contra la espalda femenina.


-Lo siento, cubrí a un chico en su turno durante dos días, hoy en la mañana cuando traté de hablarte en clase fui ignorado vilmente.

Kate sabía que su tono no era de reproche, eso era lo que la desarmaba, la forma que tenía Tomas de entenderla, no la consideraba grosera o arisca.

Por un momento ella dejó de pensar y simplemente siguió abrazándolo.

Tomas le alzó la barbilla y le dio un beso corto, tierno, antes de estrecharla completamente y saborear sus labios, acariciando su cintura y sus caderas, era hermosa, justo así, tenía las medidas perfectas para él, era hecha para él.

Tener la certeza de ello, comprenderlo, lo llevo a pensar en Samantha, Sami había encontrado al chico que estaba hecho para ella. Al fin lo entendía.

Cuando Kate se separó de él y le sonrió de forma sexy, él acaricio su mejilla y respiró hondo.

-Debo contarte algo.

Ella lo miró frunciendo el ceño pero no deshizo el abrazo que los mantenía en una cercanía tranquilizadora.

-¿Recuerdas que dije que había lastimado a alguien? Traicioné su confianza, herí sus sentimientos, me avergoncé de ella.

Katerin quiso soltarse y él la dejó ir mientras comenzaban a caminar de nuevo, ya no podía detenerse.

-Podría ser una larga historia, pero al final todo se resume en un simple hecho, una chica me entregó su corazón y yo no lo quise, ni siquiera porque no la quisiera, lo hacía, siempre le tendré cariño, no lo quise porque era... "la gordita del grupo".

Kate se detuvo y Tomas trató de acercarse, ella levantó sus manos, tranquila, lo cual lo ponía aún más nervioso.

-Fui un estúpido, ya no soy el mismo chico al que le importen las apariencias, ella se parecía mucho a ti y tú eres la mujer que me tiene puesto de rodillas, ¿irónico no crees?

Esta vez sí pudo acercarse y acariciar su mejilla.

-Si éste es tu intento de declaración, es uno muy extraño y malo-, dijo ella y Tomas sonrió mientras la estrechaba de nuevo en brazos.

-Me gustas mucho Kate, esa es una declaración.

Ella pareció juzgarlo mirando a sus ojos, a Tomas le pareció una eternidad, al final ella se estiró un poco y besó la comisura de sus labios.

-Tú también me gustas.

La abrazó y besó, haciendo un espectáculo en la calle medio vacía a esas horas de la noche.

Casi al llegar al edificio de Kate, Tomas sintió el tacto de los dedos entrelazados y supo que no podía seguir sin decirlo todo, no entendía porque, pero era importante.

-Es Sami

Kate dio dos pasos más antes de detenerse y mirarlo confundida.

-¿Qué?

-Es Sami, la chica de la que te hable.

Tomas vio con impotencia cuando la comprensión se vislumbró en su rostro.

-Entiendo-, murmuró y a pesar de su resistencia soltó su mano.

Ella volvió a cruzarse de brazos y miró hacia el edificio.

-Ya habías estado aquí, antes de conocernos.

Tomas no contestó, era una afirmación, no una pregunta.

-La buscaste a ella, fue lo primero que hiciste cuando te mudaste ¿no?

-Sí, pero...

Él se acercó y Kate simplemente negó con la cabeza

-No quiero verte… no quiero hablarte, no, no… no quiero ser un sustituto.

Tomas la miró darse media vuelta y alejarse, la conocía, ella era explosiva, si la seguía en ese momento solo conseguiría que ella se cerrara más, forzó a sus pies a quedarse donde estaban.




viernes, 15 de marzo de 2013

Showy


Capitulo 1

Zek miró los diferentes costales de alimento para perros afilados en los estantes, hace una año y medio no tenía ni idea que aunque pareciera, no todas las croquetas era iguales.
-Causa gases-, murmuró mirando un costal de cinco kilos color rojo con un perro de raza indefinida sonriendo a la cámara.
Mica le había dicho exactamente el nombre del alimento que el veterinario había recomendado, el problema es que él no lo veía por ningún lado, Candyfloss iba a poner mala cara si llevaba alguna otra marca. Zek sonrió, la realidad es que le encantaba hacer rabiar a su novia.
Avanzó por el pasillo buscando el bendito nombre hasta llegar a los alimentos para gato.
-La bola de pelos ni se daría cuenta.
Sintió el susurro de un movimiento a su espalda y después dedos fríos taparon sus ojos, sonrió al imaginarse a Micaela de puntas para poder alcanzarlo.
-¿Comida de gato?-, preguntó ella divertida.
-Solo una sugerencia.

Alejó las manos de su rostro y acarició con los dedos sus brazos desnudos, Zek casi nunca iba ya al centro comercial con algo más que una camiseta o un chaleco, no quería perderse la diversión.
Se giró y ella señaló con un dedo hacia los estantes.
-Se darían cuenta.
-No, no lo harían-, insistió él antes de acercarla, colocando sus brazos alrededor de la cintura y así poder besarla como tanto le gustaba.

En momentos como ese realmente agradecía al tipo omnipresente donde sea que estuviera por tener a Candyfloss en su vida.
Ella alzó sus brazos para poder acariciar su nuca justo antes de que el estridente ruido metálico los distrajera.
Un hombre había chocado el carrito de compra en la equina de uno de los estantes, la mujer que llegó a su lado había empezado a reñirlo antes de seguir la mirada del tipo y verlos.

Zek sonrió, divertido, alzando la mano y saludando antes de que Mica señalara al principio de los costales de comida para perros y él pudiera ver la bendita comida. Colocó un costal en el carrito y siguieron caminando, al tiempo que Mica le pasaba una mano por el trasero para enganchar los dedos en la bolsa de sus vaqueros, para no defraudar a sus espectadores.

Dos personas besándose no eran ninguna novedad en la actualidad, salvo que fueras alto, con el cabello platino, barba recortada, brazos tatuados y al menos un piercing a la vista besándote con tu novia, de apariencia delicada y cabello multicolor.

Después de colocar todo la despensa básica en el carrito se detuvieron en la sección de entretenimiento, a Zek le gustaba repasar los discos a la venta de cualquier lugar, siempre buscando cosas nuevas, algo que le ayudara a la hora de crear sus propias mezclas de sonido.

-¿Como fue la junta?-, preguntó, Mica hizo una mueca y él sonrió, su chica trabajaba editando libros que había pasado el primer filtro de una importante editorial online, la comodidad del trabajo en casa era perfecta, de ahí que cuando era necesario que fuera a la oficina la idea le desagradara completamente.

-Tengo dos libros nuevos asignados y Beca insiste en que termine a la pandilla.
Zek la miró y ella se encogió de hombros.
-Nunca debí hacerte caso y mostrárselo-, él dejó el CD que tenía en las manos y se acercó a ella.
Mica había comenzado en broma una fabula para niños donde los protagonistas eran un grupo de cachorros, era demasiado bueno, aunque ella no parecía darse cuenta.

-Mírame Candyfloss-, la llamó por su nombre y ella alzó el rostro al instante.
-Eres buena.
Ella sonrió y comenzó a negar con la cabeza antes de detenerse, respirar hondo y mirarlo.
-Voy a terminarlo, pero no puedo prometer que se lo entregue.
-Claro que no, el que trabajes en ese editorial no significa que no puedas ver otras opciones, tenemos que saber venderte bien.
Ella rodeó los ojos y él sonrió tocando un mechón de cabello rosado.

Mientras el jeep salía del estacionamiento del centro comercial Zek contemplo el perfil de Mica mientras ésta tenía los ojos cerrados y movía el cuerpo ligeramente con la mezcla que sonaba en el auto.
Había encontrado a su igual, lo hacía sentirse humilde y malditamente afortunado, ella se había mudado al departamento bajo el suyo y a su vida casi en el mismo momento, desde hace un año ella vivía en su piso, pintado la pared de la estancia de morado para que contrastara con su sofá lila, dándole a una nueva hermanita a la que cuidar que los visitaba cada que se le antojaba y una bola de pelos demasiado consentida con complejo de Romeo, una vida que no cambiaría por nada.

Zek estacionó el jeep en la calle lateral a su edificio, entre los dos comenzaron a bajar las bolsas de la compra, escuchó a Candyfloss bufar al tiempo que una hombre alto de cabello rubio y traje a medida cruzaba la calle saludándolos con un asentimiento.

-No lo aguanto-, dijo ella, ninguna novedad.
-Calvin Klein no es nuestro asunto-, respondió Zek cerrando el auto.
-No entiendo cómo puede estar con él.
Ambos se detuvieron y se miraron a los ojos mientras repetían al unisonó:
-¡Solo son compañeros de piso!

La señora Belmonte, la dueña del edificio había batallado para conseguir ocupar el departamento de Mica cuando se había mudado a vivir con Zek, habían tenido un total de tres vecinos, una pareja que no duro demasiado alegando que no les gustaban “las personas de por ahí” y una chica que había tenido que mudarse por el trabajo.
Por último, habían llegado Cristian y Román, el primero, al igual que él y Mica se pasaba gran cantidad de horas en casa, era pintor y había entablo rápidamente gran amistad con ellos, el tipo del traje era otra historia, era poco menos que cortés, algo cortante.
Se habían presentado como compañeros de piso, lo cual Mica había dudado pero no había tenido pruebas hasta que los habían encontrado besándose contra la puerta de su departamento.
Aún después de eso, Cristian no hablaba con ellos del tema, se refería a Román de forma distante.

Un severo caso de abrir la puerta del closet pero no querer salir realmente al menos en el caso de Calvin Klein, Cris estaba muy orgulloso de su sexualidad a pesar de que más de una chica se le quedaba mirando por la calle.

-Deberíamos comenzar a presentarle chicos a Cris.
-Para eso primero necesitaríamos tener más vida social.
Ambos se estremecieron y después ella volvía a sonreír.
-Ya se nos ocurrirá algo.

Al abrir la puerta del departamento dos cosas sucedieron a la vez, la bola de pelos que había sido el compañero de Mica desde mucho antes que se conocieran comenzó a ladrarle mientras que la nueva chica de la casa estiraba su pequeño cuerpecito hacia él, Lady era una cruza de chihuahua y algo más, era delicada pero llena de pelo que lograba enredarse siempre, Fucking estaba en plan protector, la pequeña perrita estaba cargada, eso significaba que en esos días Zek era su enemigo.

La habían encontrado hace dos meses en el parque, sin identificación, habían preguntado por el vecindario pero nadie parecía tomarlos en serio. Lady se había quedado.

Mica tomó a Fucking en brazos y él a Lady hasta que se calmaron lo suficiente para que pudieran acomodar la compra del día.
Sin decirle nada, ella comenzó a preparar su bebida favorita, Zek amaba el mate, pero amaba mucho mas verla a ella preparándolo, se acercó y la abrazó por detrás, pegándola a su cuerpo.
-¿No quieres?-, preguntó ella divertida y Zek la giró subiéndola a la barra de la cocina en un solo movimiento, Zek apagó el agua de la estufa y la miró.
-De eso se trata Candyfloss, si quiero.
Ella sonrió y levantó la mano derecha para pasarla por su barba, arañando ligeramente antes de besarlo, Zek tomó sus muslos con las manos y la levantó ligeramente logrando estar mucho más cerca. Perfecto.

***

Zek sintió el cuerpo de Candyfloss a su lado, su cabello rozaba su torso mientras él trataba de alejar el sueño y centrase lo suficiente para encontrar su móvil que no dejaba de sonar, el ruido logró despertar a Mica que lo miró mientras él se levantaba de la cama y contestaba el teléfono. Frunció el ceño al mirar la hora en el reloj de pared en la habitación, pasaban las dos de la mañana.
-¿Hola?-, murmuró con voz ronca por el sueño.
-Zek, disculpa que te llame a estas horas...
-No importa Padre, ¿Que pasa?-, preguntó con el cuerpo tenso, había estado postergando sus visitas al orfanato, había evitado al Padre Johan, el viejo lo conocía, era su mentor, su más estimado amigo, había tenido miedo, sintió la mano cálida de Mica en su espalda y se relajó un poco.
-No encuentro al chico Zek, lo he buscado en las dos secciones de dormitorios, Mario y Carmen ya buscaron por toda la casa, les hemos preguntado a todos los niños pero sabes que no ha hecho amigos.
Cerró los ojos y alejó todos los pensamientos que se agolpaban en su cabeza tratando de pensar.
-Voy para allá.
Colgó el teléfono y abrió el closet sacando unos pantalones deportivos.
-¿Qué pasa?-, preguntó Mica, levantándose de la cama.
-Lucas-, fue la única palabra que pudo salir de la boca de Zek y ella se acercó y tomó su mano.
-Voy contigo.

¡Segunda Parte de CRAZY!
Nos seguimos leyendo.

Cel.






miércoles, 13 de marzo de 2013

Rompiendo Medidas



Capítulo 6
Acercamiento

-A los hombres les encantan la “cercanía” con las mujeres, Derik
-La cercanía que de verdad importa aterra,  deja ya ese libro y ven aquí.
-Me tendrás cerca.
-Ya no tengo miedo

Leysi no miró a Javi cuando se sentó a su lado, la clase de teatro estaba por comenzar. Se sentía nerviosa, lo que no le gustaba nada. Su plan comenzaba a  desbordarse por sus dedos, quería tener poderes mágicos y dejarlos a todos paralizados y así poder pensar con claridad.
Se suponía que Ben-Ken simplemente la acompañaría a la fiesta el día anterior, ella solo  tendría que haberlo soportado unos minutos, Javi herviría de celos, se daría cuenta que estaba desperdiciando su tiempo, se declararía, Leysi brincaría de emoción, despediría a Ben y se quedaría con su hermoso caballero de casaca roja.
Nada de eso había pasado, Javi no se había vuelto a acercar a ella la noche anterior después de los saludos iniciales y Ben la había acompañado de nuevo a los dormitorios con una sonrisa satisfecha como si hubiera ganado algo.

Lo peor de todo es que ella no había aborrecido la noche, era divertido molestar a Ben-Ken, él era divertido.

-Leysi.
Escuchó la voz de Javier a la distancia y parpadeó girándose a mirarlo, no debía ser grosera.
-Hola Javi-, sonrió alejando un mechón de cabello del rostro con un soplido, él sonrió ante la acción y luego frunció el ceño.
-Debería estar enojado contigo.
-¿Conmigo?-, parpadeó inocentemente.
-No seas despistada hermosa, sabes que estoy herido de que hayas ido con otro chico a la fiesta.
Leysi frunció el ceño, así que él estaba molesto, entonces ¿Por qué no la había invitado a ir con él?
Iba a preguntarle cuando él siguió.
-Solo está jugando contigo.
-¿Te refieres a Ben-Ken?, non, non, yo jugar con él, el muñeco de plástico divertir a Leysi.
Javi frunció el ceño.
-Esto no es un juego Leysicita.

Ella no contestó de inmediato, ¿Dónde estaba la declaración que tanto había esperado?

El profesor entró al salón y ella trató de cortar la conversación pero al ser la estrella del grupo, Javi podía seguir sin prestar atención y nadie le iba a llamar la atención.
-Hermosa, yo solo quiero protegerte, había esperado que bailaras conmigo ayer.
Antes, Leysi hubiera sonreído, le hubiera dicho que ella sabía y seguirían con su amistad como si nada, ya no quería eso.
Dejó que la clase siguiera, no le miró, no se rió de sus comentarios inteligentes durante la clase, cuando terminó y todos comenzaron a levantarse, ella respiró hondo antes de caminar hacia la salida.
-Hermosa…
-Me esperan mis sales de baño-, cortó molesta, como deseaba poder sacarle la lengua y llorar, porque en realidad en los baños de los dormitorios era imposible usar sales aromáticas. Había dado dos pasos hacia la salida cuando se detuvo, giró y avanzado de nuevo hacia Javi, en su cabeza aún recordaba el beso de despedida en la comisura de los labios que Ben le había dado al despedirse.

-Si tanto querías bailar conmigo me hubieras invitado a la fiesta Javi, como tu pareja, así no estaría ahora confundida.

***

Alan odiaba los silencios incómodos, quizá por eso estar con Sami le gustaba mucho, con ella nunca se había sentido tonto, inseguro, incapaz de decir algo inteligente.
Pensó que él y Lizeth había comenzando a ser amigos, los últimos días ya no estaba tan seguro.
Miró la lata de refresco entre sus manos, tenía que decir algo o simplemente irse de ahí, miró hacia ella, Liz estaba cocinando tortillas españolas para la cena, un viernes por la noche, lo que sería perfecto de no ser porque él había planeado tontamente invitarla a Monty’s, comer una hamburguesa, tal vez ir al cine.
Mientras ella seguía picando en trozos pequeños las papas sobre la encimadera, sus ojos fueron de nuevo a su cabello lacio, Alan quería mojarlo, que volviera a la normalidad.
Parecía como si ella quisiera esconder uno de sus mejores rasgos.
Si de verdad fuera su amigo le preguntaría acerca del nuevo peinado, una prueba más de que ella simplemente lo veía como un compañero de piso.
Lo más exasperante es que no era grosera, no lo evitaba abiertamente, seguía siendo tímida, amable y dulce.

Tomó un trago de refresco y se pasó la mano por el cabello cambiando de posición, ella pareció sumamente concentrada en picar.
-¿Te gusta cocinar?
Lizeth se tensó, él pudo verlo a pesar de que ella quizás no quisiera que lo notara, por un momento pensó que no contestaría pero luego tomó aire y sonrió un poco.
-Sí, siempre me encantaba ver a mi mamá cocinar, aunque odiaba lavar los trastes después, cuando fui lo suficientemente mayor, yo cocinaba y ella supervisaba, lo único que extraño de estar aquí por la universidad es que no puedo supervisar a mis niñas en sus experimentos culinarios.
Ambos se quedaron quietos por un momento, Lizeth había terminado las palabras con una sonrisa, mirándolo, era quizás una de las más largas contestaciones que le había dado en esos días, ambos estaban inmersos en el momento, él adoraba la forma en que los ojos de ella parecían brillar cuando mencionaba a sus hermanas pequeñas.
-Quizás podrías enseñarme-, dijo clavado en sus ojos.

Ella bajó la mirada, sonrió y se encogió de hombros.

-Mis favoritos son los postres, adoro cocinar pasteles… supongo que se nota ¿no?-, preguntó ella señalando hacia su cintura, Alan parpadeó tratando de entender, la lata crujió en su mano cuando aquel pensamiento lo llevó a pensar en Sara, su hermana también adoraba la cocina, pero por un tiempo ninguna comida había sido su amiga.

-Nadie que te mire diría que sabes cocinar pasteles, no veo la relación-, respondió él, más molesto de lo que ella merecía, era un recordatorio de la fuente de timidez de Lizeth, él no era idiota.
Ella no contestó, cogió la cebolla y comenzó a formar trozo finos mientras tiraba la lata de refresco y se disculpaba.
Tal vez  ella tenía razón en alejarse, ellos no podía ser amigos.
Alan había huido de pocas cosas en su vida, al llegar a su cuarto se dio cuenta que lo estaba haciendo en ese momento, estaba huyendo.


***

Tomas sonrió a Kate cuando ella abrió la puerta del apartamento, los ojos femeninos entrecerrados.
-¿Qué haces aquí?-, preguntó y él simplemente sonrió y se acercó rozando sus labios con los suyos, ella se resistió solo un momento antes de responderle, haciéndolos pasar de un beso suave a uno que lo dejó deseando más, aunque sabía que aún no era una invitación.
Cuando entró, sus ojos fueron al librero que desde hace varios días estaba completamente armado, llevaba casi dos semanas terminando su día con una visita tardía a la gatita.
Ella seguía ayudándole con las clases y él después de armar el mueble se las había arreglado para seguir entrando en su espacio personal.
Estaba dispuesto a conquistar a la chica con garras, lo cierto es que esa nueva etapa de su vida con ella estaba comenzando a gustarle demasiado.
Caminó hacia la pequeña cocina donde ella terminaba de preparar unos emparedados.
-¿Cómo estuvo el trabajo?
Una pregunta que le sorprendió, llevaba varios días trabajando como repartidor de pizzas, su padre se morirá si lo supiera, a él jamás le había dejado mejor sabor de boca recibir dinero propio.
-Bien, el fin de semana es más pesado.
Ella le tendió un plato y comenzaron a comer.

Katerin no sabía si estaba cometiendo un error, su estomago aun parecía una montaña rusa, tenerlo junto a ella siempre significaba un miedo latente a depender demasiado de alguien, a que alguien le pudiera hacer daño, no entendía por qué lo seguía dejando pasar, él cenada a su lado, a veces hacían los trabajos en conjunto y luego Tomas se despedía con un beso largo y ardiente.
Estaba intrigada por el cambio de chico popular y mimado a esa especie de universitario independiente que él quería llegar a ser.
Le gustaba.
Ella se rió cuando él termino de contarle como casi se había caído de la moto de reparto, le pasó su taza de café y ambos se sentaron en el sofá de dos plazas, Tomas la atrajo hacia él y Kate le jaló el cabello que ya comenzaba a crecer de ese corte a rape que había llevado cuando lo conoció por primera vez.

-¿Cuándo me contaras sobre ella?-, preguntó señalando la foto de Kate y su padre.
Ella, la que faltaba.
-No debe importarte.
-¿Y si lo hace?
-Tommy, solo estamos “haciendo esto”, tú vienes cada vez por si en algún momento te dejo entrar en mis bragas y yo aún no me aburro de ti, fin de la discusión.
Lo sintió tensarse, ella tragó, era mejor así.
Se sorprendió cuando él giró suavemente su rostro y le dio un dulce beso en los labios.

-Hace un tiempo herí a una chica, tan profundamente que perdí una hermosa amistad y quizás algo más, ya no puedo saberlo, el darme cuenta de ello me hizo querer cambiar todo en mi vida, buscar quién era en realidad. Ella y su ausencia son parte de quién eres, no importa si no me lo cuentas ahora, espero estar cerca cuando me gane la confianza para que lo compartas conmigo, tú ya te ganaste la mía.