Capítulo 7
Darse cuenta
-No me imagino al esposo de tu hermana
siendo romántico.
-Lo es, cuando se declaró no le dijo
que la amaba, le dijo que había querido correr en dirección contraria y por eso
iba a luchar cada día por estar a su lado.
Ben se recargó en la
pared frente al salón que era utilizado para las clases de artes escénicas,
durante su camino hasta ese lugar había notado ojos mirando curiosos, cuchicheos, ya
fuera considerándolo un tonto o un romántico.
La hadita había tenido razón, su
popularidad había sufrido un extraño giro, para algunos estar “saliendo” con
esa chica loca (y no tan delgada) era extraño en él, algunos más pensaban que
ya había sucumbido a las curvas como Derek.
Todos estaban tan
equivocados, no había terminado con Javier, le encantaba saber que estaba
ganando en su terreno, se estaba divirtiendo y para su sorpresa Leysi lo hacía
todo más llevadero.
La noche anterior
había querido darle el tiro de gracia, ya era hora que se comportara como una
chica enamorada, quería tener su adoración completa.
Le había dicho que
la llevaría a donde quisiera, sus deseos eran órdenes y toda esa chulería.
-Quiero ver las estrellas.
Maldita
contestación, por un momento se había quedado en blanco, había visto la sonrisa
sabelotodo en sus labios, la pequeña bruja había creído que él se negaría, le
había dicho que se montara en el auto y había conducido hasta la zona alta de
la cuidad, una especie de mirador urbano, buscó un lugar para estacionase y la
hizo salir y admirar la vista, las estrellas arriba, miles de luces debajo.
Ella se había
quedado callada por mucho tiempo, luego se había girado y dado un beso en la
mejilla.
-Es hermoso.
Lo
era.
Maldición, la
ñoñería debía ser contagiosa, se prometió que este juego duraría solo un poco
más, después se conseguiría diversión real, unos grandes pechos, un buen
trasero, le diría a todos que ya había terminado su servicio de caridad.
Sus hombros se
tensaron pero no pudo analizar aquella reacción, la clase había terminado y
ella salió seguido por el estúpido modelito, la mano de él descansaba en el
hombro de ella.
Tan jodidamente
tiernos.
-Hi-, saludó ella y
se alejó de Javier sin siquiera pensarlo, eso le gustó a Ben, abrió los brazos
y la rodeó con ellos enterrando tenuemente el rostro es su loca melena rizada.
-¿Esta viéndonos?-,
murmuró ella bajito y él sonrió, un pequeño vistazo al modelito y pudo ver su
mirada confusa, su mandíbula tensa, esperaba una confrontación, cada día que había ido a buscarla a clases él hacía lo
mismo, daba media vuelta tan tenso como un palo y se iba.
-Ya se fue-,
contestó aun sosteniendo a Leysi.
Ella no dijo nada
por unos segundos.
-Tal vez deberíamos
dejar de hacer esto.
-No.
-Muñeco.
-Bruja.
Cuando se separaron
ella giró su rostro para ver el lugar donde debía estar el modelito.
-Te he dicho que él
es un idiota.
-Si ya lo sabes y yo
estoy dándome cuenta ¿Por qué sigues viniendo?
Ben sonrió
mirándola, su melena enmarcando sus facciones, su cuerpo medio impreso en
aquella ropa cómoda, se acercó y sujetó su rostro con ambas manos.
-Por esto-, murmuró
antes de besarla, lenta, dulcemente, como ella, deleitándose en la suavidad, en
la manera en la que ella parecía olvidarse de su “aversión” a los muñecos de
plástico.
***
Lizeth terminó de
lavar la cafetera y comenzó a colocarla de nuevo para dejar preparando más café
cuando escuchó a Erik saludar a Alan, trató de recordar mentalmente si había
mesas por atender en la cafetería pero para su desgracia no tenía esa excusa.
Ella no había
querido llegar a esa situación, el era su compañero de piso, ser amigos
ayudaría, tuvo que arruinarlo todo, enamorarse de un imposible, su intento de
tomar distancia debía de haberlo enojado, después de aquella brusca
contestación sobre la comida los dos había orbitado alrededor sin
verdaderamente convivir.
Se giró hacia ellos,
Erik estaba terminando de contarle sobre la oferta para sus prácticas
profesionales.
-Simón me dijo que
me merecía una sorpresa.
Alan sonrió pero
ella pudo notar que sus mejillas se coloreaban al pensar en lo que podía ser la
“sorpresa” del novio de su amigo.
-Hola-, la saludó él
con una gran sonrisa, Liz trató de recordarse que quizás solo estaba agradecido
porque lo rescatara de la conversación y no porque se alegrara de verla, era
más fácil pesarlo que hacerlo, sus rodillas se sentía débiles.
Alan centró toda su
atención en Lizeth, su cabello completamente rizado había regresado por fin,
era toda ella al natural.
-¿Día tranquilo?
-Sí, una suerte,
tengo mucho que estudiar.
-Creía que hoy no te
tocaba turno-, contesto él y ella se encogió de hombros.
¿Era esperar
demasiado que Lizeth le dijera todo, que compartiera su vida con él?
La molesta voz en su
cabeza contestó: ¡Solo son compañeros de
piso!
-Es cumpleaños de
Derik, Lizeth esta cubriendo el turno de Sami-, explicó Erik con una sonrisa
socarrona en su rostro, Alan le lanzó una mirada enojada.
-Hablando de
sorpresas, ella tenía una preparada para su hombre-, siguió su amigo sin
ninguna delicadeza.
-No quiero saber-,
murmuró Alan, ¿Erik siempre tenía que forzar los temas?
-¿Por qué?
La voz de Lizeth
llegó hasta él, delicada y suave.
Alan no llegó a
procesar las palabras simplemente las dijo.
-No quiero saber si
ella es feliz.
-Pues eso es
mezquino. Derek la hace feliz, él es guapo, fuerte, valiente, tan dulce y tan seguro
de sí mismo y de lo que siente-, defendió al tiempo que tomaba el libro detrás
de ella junto a las cafeteras y caminaba hacia el cuarto de servicio.
Alan maldijo
internamente.
-¿Desde cuándo ella
defiende a Derek?
Erik soltó una
risotada y palmeó su mano en la barra.
-Alan, a veces El
Príncipe Encantador se te queda corto.
¿De qué estaba
hablando?, al ver su mirada confusa su amigo le señaló con el dedo.
-Eres un tonto.
***
Tomas se despidió de
Héctor, el chico encargado del horno en la pizzería en el turno de noche y salió
por la puerta trasera del local, giró hacia la calle y se detuvo momentáneamente,
la calidez y el placer que le provocó verla casi lo hicieron caerse, era aterrador
y maravilloso a decir verdad, en ese momento, lo supo.
Si la gatita hubiera
adivinado que el simple gesto de estarlo esperando fuera significaría un
momento extraordinario en su vida, tal vez se hubiera reído de él pero era así.
Tomas sabía que
antes había cometido muchos errores, había sido un adolescente mimado, falto de
coraje, disfrutando lo que todos le daban.
Había lastimado a
Sami, eso era de lo que más se arrepentía, pero ahora en ese momento, supo que
su gran temor de las pasadas semanas era infundado.
Temía que la beca,
el trabajo a medio tiempo para poder sacar la carrera y las demás presiones
fueran demasiado para él, que al final regresaría con su padre y seguiría los
dictados familiares.
Con Katerin, ni en
un millón de años regresaría a lo que era, porque su antiguo yo jamás pudiera
haberle gustado a la chica frente a él.
Se acercó lo
suficiente después de que ella se cruzara de brazos para hacerle ver que se había
quedado parado como tonto a mitad del camino.
Su cabello de nuevo
estaba despeinado en puntas, llevaba un suéter ligero y parecía tener frio, sin
olvidar sus inseparables tacones.
-¿Qué haces aquí
gatita?-, preguntó sonriendo y la vio encogerse de hombros.
Kate respiró hondo, había
sido una tontería ir a buscarlo, si él no quería verla, bien, no había ningún
problema.
Frunció el ceño, sabía
que a pesar de sus pensamientos, no había podido convencerse de ello los
pasados días, después de que Tomas hubieras pasado casi cada momento libre con
ella había desaparecido por tres días, sin una llamada o mensaje, claro, lo había
visto la pasada mañana en clases, pero ella no sería tan boba como para hablar
de su... lo que fuera que intentarán
tener, entre recesos.
-Solo pasaba por aquí-,
contestó comenzando a caminar, él la siguió sonriendo y pasándole el brazo por
los hombros.
Kate agradeció la
calidez y medio se derritió con el gesto, maldita barra energética andante, era
casi irresistible.
-Estoy enojada-,
dijo ella en un susurro y él se separó alzando las manos.
-Sin garras, por
favor.
-Eres un idiota-,
replicó ella y siguió andando, Tomas la alcanzó en dos zancadas y la abrazó, su
torso contra la espalda femenina.
-Lo siento, cubrí a
un chico en su turno durante dos días, hoy en la mañana cuando traté de hablarte
en clase fui ignorado vilmente.
Kate sabía que su
tono no era de reproche, eso era lo que la desarmaba, la forma que tenía Tomas
de entenderla, no la consideraba grosera o arisca.
Por un momento ella
dejó de pensar y simplemente siguió abrazándolo.
Tomas le alzó la barbilla
y le dio un beso corto, tierno, antes de estrecharla completamente y saborear
sus labios, acariciando su cintura y sus caderas, era hermosa, justo así, tenía
las medidas perfectas para él, era hecha
para él.
Tener la certeza de
ello, comprenderlo, lo llevo a pensar en Samantha, Sami había encontrado al
chico que estaba hecho para ella. Al fin lo entendía.
Cuando Kate se separó
de él y le sonrió de forma sexy, él acaricio su mejilla y respiró hondo.
-Debo contarte algo.
Ella lo miró
frunciendo el ceño pero no deshizo el abrazo que los mantenía en una cercanía
tranquilizadora.
-¿Recuerdas que dije
que había lastimado a alguien? Traicioné su confianza, herí sus sentimientos,
me avergoncé de ella.
Katerin quiso
soltarse y él la dejó ir mientras comenzaban a caminar de nuevo, ya no podía detenerse.
-Podría ser una
larga historia, pero al final todo se resume en un simple hecho, una chica me entregó
su corazón y yo no lo quise, ni siquiera porque no la quisiera, lo hacía,
siempre le tendré cariño, no lo quise porque era... "la gordita del grupo".
Kate se detuvo y
Tomas trató de acercarse, ella levantó sus manos, tranquila, lo cual lo ponía aún
más nervioso.
-Fui un estúpido, ya
no soy el mismo chico al que le importen las apariencias, ella se parecía mucho
a ti y tú eres la mujer que me tiene puesto de rodillas, ¿irónico no crees?
Esta vez sí pudo
acercarse y acariciar su mejilla.
-Si éste es tu
intento de declaración, es uno muy extraño y malo-, dijo ella y Tomas sonrió
mientras la estrechaba de nuevo en brazos.
-Me gustas mucho
Kate, esa es una declaración.
Ella pareció
juzgarlo mirando a sus ojos, a Tomas le pareció una eternidad, al final ella se
estiró un poco y besó la comisura de sus labios.
-Tú también me
gustas.
La abrazó y besó,
haciendo un espectáculo en la calle medio vacía a esas horas de la noche.
Casi al llegar al
edificio de Kate, Tomas sintió el tacto de los dedos entrelazados y supo que no
podía seguir sin decirlo todo, no entendía porque, pero era importante.
-Es Sami
Kate dio dos pasos más
antes de detenerse y mirarlo confundida.
-¿Qué?
-Es Sami, la chica
de la que te hable.
Tomas vio con
impotencia cuando la comprensión se vislumbró en su rostro.
-Entiendo-, murmuró
y a pesar de su resistencia soltó su mano.
Ella volvió a
cruzarse de brazos y miró hacia el edificio.
-Ya habías estado aquí,
antes de conocernos.
Tomas no contestó,
era una afirmación, no una pregunta.
-La buscaste a ella,
fue lo primero que hiciste cuando te mudaste ¿no?
-Sí, pero...
Él se acercó y Kate simplemente
negó con la cabeza
-No quiero verte… no
quiero hablarte, no, no… no quiero ser un sustituto.

