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domingo, 8 de abril de 2012

Apariencias

Prologo



Tiffany reprimió un bostezo y le sonrió a Harry que seguía contándole sobre sus planes para convertirse en un rock star, claro que hasta ahora solo era otro mesero, pero eso no contaba, trabajar en un bar limpiando mesas no era lo que se considerara trabajo según él.

No hubiera salido con la próxima "gran estrella" de no ser porque no tenía nada más que hacer,  Tiara cumplía dos meses con Raúl e iban a festejarlo y Taia tenía otra cena con la familia del topo, Tiffany sabía que si ella hubiera dicho algo su amiga la hubiera usado como pretexto parar no asistir, Tiff no lo hizo, podrían llamarla tonta –muchos lo hacían-, pero no lo era y ella creía que Taia no odiaba tanto esas cenas como quería hacerles creer.
Harry estacionó su auto un poco demasiado viejo frente a su casa, Tiffany le sonrió al fin y al cabo a pesar de la aburrida plática sobre sueños ilusos había cenado gratis, visto una película y tenía un nuevo delineador en su bolso.

Siempre conseguía lo que quería.

Era hermosa.

No era presunción, simple constatación de hechos.
Harry la besó a modo de despedida y ella le correspondió, un pequeño pago.
Como ya lo había dicho anteriormente, Tiff no era tonta, sabía que la belleza no duraba para siempre.
Ella tenía un plan a largo plazo, uno que no involucraba al tipo que ahora trataba de meterle la lengua a la garganta, ni a ningún otro hombre.
Se separó sonriéndole a Harry y batiendo las pestañas.
-Me divertí mucho, te llamaré-, se despidió y el tipo aún seguía babeado al despedirse.

Ella no necesitara a un hombre para ser feliz, pero mientras tanto no perdía nada con sacarles provecho, ¿o no?


domingo, 12 de febrero de 2012

Maldición

Prologo

Zander odiaba la escuela, de todas las etapas de la humanidad que había tenido que vivir, la más aburrida y apática era esta.

La escuela era obligatoria si querías apararte de los estupidos policías humanos, los trabajadores sociales o Dios no lo quiera, una familia adoptiva.
Vivir con un perfil bajo era necesario.
Si existiera la justicia los humanos lo dejarían en paz y permitirían que hiciera su trabajo.
Sin preguntar, sin molestar.
Todos los horrores que ellos delineaban en las películas de miedo, eran reales, y ni siquiera lo imaginaban, no realmente.
Vampiros, duendes, brujas, metamorfos y criaturas mucho más horrendas.
¡El era real!, pero la descripción de los humanos para un demonio, era un ser enviado desde el mismísimo infierno.
Nada más alejado de la realidad, el no había muerto nunca, ¿Cómo diantres iba a conocer el lugar de fuego y llamas?
Exasperante.
Adara se giró para mirarlo, en la primera banca, la chica buena y decente, la más lista de la clase.
Le rodeó los ojos y ella le dio un golpe mental, posible debido a su conexión, aunque a la hora de matar era su mejor arma.
Sí, sabia que debía controlarse, la habitación empezaba a cargarse de algo parecido al fastidio.
Se obligó a relajarse y se recargó contra la silla para escuchar al profesor seguir hablando sobre la guerra de independencia, el podría darle una explicación mucho mas lógica de lo que había pasado en realidad. Pero se calló después de recibir otro golpe mental por parte de su amico.
Los demonios habían sido creados por los líderes más sabios y poderosos de cada raza sobrenatural cuando asumieron que el controlar a todas las criaturas que atormentaba a los humanos era un trabajo sumamente complicado.
Los crearon con una mente y dos cuerpos, eran mayor en número y uno solo al combatir con los seres más malévolos y poderosos.
El amico de un demonio, moriría cuando el otro lo hiciera, podían comunicarse de forma mental y se fortalecían o debilitaban el uno al otro.

Cuando la clase por fin terminó, se dirigió al estacionamiento deseoso de poder alejarse de tantos niños inútiles.
Tenía cientos de años mas que ellos, y aun se creían con la capacidad de asombrarlo, como Katrina Dinamo, que lo esperaba recargada contra su auto, la chica se mordió el labio antes de que el pudiera acercarse lo bastante.
-Hola Zander-, le saludó
-Katrina-, contestó el en tono apático.
-¿Me preguntaba si quisieras ir a tomar algo?-, le propuso mientras él abría el auto y la miraba con una ceja enarqueada.
-Tal vez mañana, ¿te parece?-, le sonrió, la primera sonrisa que le dirigía desde que llegó a la escuela hace un año, ella se quedo paralizada, su boca abierta formando un perfecta o.
Asintió entusiasmada y se alejó.
Zander entrecerró los ojos y borró de la mente humana todo aquella conversación.
-Aprende a decir que no, lastima unos cuantos corazones… o diles que sí y libera algo de testosterona-, le dio a elegir Adara pasando a su lado.
Las relaciones con humanas eran insufribles, todos ansiaban el amor, eso no había cambiado en el ser humano a lo largo de la historia.
Hace mucho que había dejado de tener sexo con humanas solo por diversión.
Había sido célibe los últimos 50 años.
Su amico sonrió ante sus pensamientos.
-Fue tu decisión, en la actualidad los humanos adoran el placer, el corazón es dejado de lado-, le dijo ella antes de seguir caminando.
A pesar de que vivían juntos, ella prefería caminar, Zander no lo entendía, no iba a desaprovechar utilizar un auto si el uso de sus poderes estaba prohibido a la luz del día.
Tenían unas horas antes de que cayera la noche cuando comenzaban a perseguir todo lo que diera problemas que no fuera completamente normal.
No se despidieron no había necesidad, de hecho, prácticamente no hablaban en la escuela.
Si no llamaban la atención nadie se daría cuenta que había dos “jóvenes” viviendo juntos sin ningún familiar a la vista.

Amico, era amigo en italiano según los humanos, una broma del consejo pensaba Zander, la amistad se creaba de lazos afectivos con la otra persona, ellos no podían crear tales lazos, los demonios no tenia corazón.

Por el estaba perfecto había vivido cientos de años así, viviría mil mas.

viernes, 4 de febrero de 2011

AlterEgo

16 de Junio de 2009

¡Estoy loca!, loca, loca, loca.
No puedo creer que lo hiciera…bueno, técnicamente no lo hice, apagué la computadora antes de que alguno de los dos… ¡diablos!, ni siquiera puedo poner la maldita palabra aquí, pero si me pase media hora hablando con el, gran parte, diciendo cosas sobre… ¡eso!
No recordaré todo lo que escribí, ni lo reescribiré, no lo haré.
¡Demonios!
MindReader no era como yo me imaginaba cuando lo conocí.
CORRECION, jamás lo he conocido, eso me pasa por andar metiéndome a esas páginas de chat.
No se que pasó, habíamos hablado por dos semanas, se estaba convirtiendo en un buen pasatiempo.
Hablar de todo y de nada y no tener que preocuparme, por si: ¿me gusta?, ¿le gusto?, ¿solo somos amigos?, si me quedo callada por mas de un minuto… ¡hasta podía coquetear! O hacer el intento.
Pero hoy fue diferente, tan extraño y tan excitante, fue, fue como si fuera otra persona, como si tuviera la libertad de no tener miedo y decir cualquier cosa, y el respondía, bromeaba y…
Hay Bella en que líos te metes, de seguro es de los hombres que se la pasan chateando con mil mujeres y diciéndole a todas lo mismo (eso en el caso de que sea un hombre realmente)
Además, ¿que clase de nombre es MindReader?
Estoy totalmente convencida de que hice bien en cerrar la portátil cuando…, solo es una experiencia mas, una loca y UNICA experiencia
Lo que se y dejando este escrito como prueba es que no volveré a escribirle,
Lo juro!

Fragmento
Diario personal de Isabella Swan

jueves, 14 de octubre de 2010

Sostenme

Fanfic

"Cuando te han quitado lo que te era mas importante y te han dejado solo, la vida parece demasiado injusta y sin sentido, ¿Que es lo que hace que valga la pena comenzar de nuevo?, Edward Cullen ha dejado sus sueños de lado, los de Bella Swan se han marchitado en solo un instante, con tan solo unas palabras...ambos solo buscan algo a lo que sostenerse" AU, OCC


Prologo

Edward levantó la mirada para fijarla en las sabanas blancas mientras seguía moviéndose, chocando sus caderas contras las de la bien dispuesta mujer bajo a el, Lauren gimió alzándose a su encuentro mientras el sonreía y sujetaba sus brazos hacia arriba con una mano y con la otra sostenía firmemente una pierna esbelta hacia arriba contra su espalda, la profundidad se volvió incluso mas de lo que el podría soportar, era magnifico, el echó la cabeza hacia atrás un momento y después comenzó un ritmo alocado, los sonidos húmedos inundaron la habitación mientras el agachaba su cabeza y buscaba sus labios llenos y apetecibles, ella lo mordió delicadamente casi llevándolo al limite y el recorrió su pierna y llevó su mano hacia su entrepierna, la separó con los dedos y encontró el hinchado y palpitante….
Su teléfono móvil sonó, trató de ignorarlo, y empujó más fuerte, podía sentir las primeras contracciones del cuerpo de Lauren envolviéndolo, estaba tan cerca.
El timbre del teléfono parecía taladrar su cabeza, algo poderoso lo arrastraba hacia el, su piel pareció demasiado fría para las actividades del momento, empujó de nuevo, pero ni la dulzura de la fricción de la piel pudieron cautivarlo a través del malito sonido.
-Maldición-, murmuró mientras salía de ella y se arrodillaba en la cama buscando sus pantalones en el reguero de ropa.
-Edward-, la voz de Lauren era solo un gruñido agudo.
El levantó una mano callándola, no necesitaba sus quejidos, lo único que esperaba era poder hacer desaparecer el maldito sonido.
Se levantó y cogió sus pantalones mientras sacaba su móvil, era un numero privado, uno demasiado insistente, frunció el ceño y contestó sin pensarlo.
-¿Si?-, murmuró molesto
-¿Edward Cullen?-, fue la contra pregunta
-Soy yo, podía decirme que diablos se le ofrece-, contestó sin poder dejar de lado la irritante frustración.
-Hablamos de la estación de policía, sus padres estuvieron implicados en un accidente automovilístico necesitamos que…-, Edward no escuchó todas las palabras siguientes, su mente estaba embotada, su cuerpo flácido y su alma cada vez mas helada.
Se vistió sin ninguna explicación hacia la mujer en la cama.
-¿Qué diablos haces?-, preguntó ella pero el ya estaba saliendo del departamento.
Las manos le temblaron contra el volante, trató de tranquilizarse inútilmente y condujo poseído hacia la estación de policía indicada.
Su padre y Maggie siempre salían a cenar los sábados, si bien no era cierto el “sus padres” en la oración del oficial, consideraba a Margaret mucho mas que la segunda esposa de su padre, el había sufrido mucho cuando su madre murió, Elizabeth había sido su vida, pero Maggie había sido su salvación, su padre había vuelto a sonreír y a… vivir, ella le había dado dos hermosos hijos y a el dos hermanos a los que quería mas que nada.
Cerró los ojos deseando que todo fuera una falsa alarma, recordándose con los niños se quedaban en casa con una niñera, según su padre le había comentado.
Golpeó las manos en el volante y acelero a través de la calle oscura.
La estación de policía parecía hervir de actividad desmintiendo la ya hora cercana a la medianoche.
Pidió informes y explicó la llamada al menos a tres personas diferentes antes de estar frente al oficial de la llamada.
-¿En que hospital están?-, preguntó, cortando sin miramientos la explicación del accidente que un desquiciado alcohólico había provocado.
-Sr. Cullen sus padres…no sobrevivieron, Edward y Margaret Cullen murieron en el lugar-, los ojos del policía de cabello encanecido estaban llenos de...cansancio.
Edward cerró los ojos y negó con la cabeza, no, no era cierto, se pasó la mano por el rostro y el olor al sexo pasado lo hizo odiarse a si mismo, no recordó firmar los papeles o la conversación con el personal de la funeraria, el camino a la casa de su padre fue como un sueño difuso, sus ojos estaban muy abiertos, parpadear parecía una tarea demasiado complicada.
Cuando tocó el timbre una señora mayor abrió la puerta con el ceño un poco fruncido.
Edward trató de entrar peor ella lo detuvo dudosa, al parecer el parecido fisco con su padre no era suficiente.
-Disculpe, ¿Quién es usted?-, preguntó con voz firme y un ligero temblor al final.
Edward cerro los puños y tuvo que dar explicaciones que no deseaba, solo quería desaparecer, no, antes necesitaba verlos…
La Sra. Carmen se despidió dejándole su número telefónico y dándole un sentido pésame, Edward ya no escuchó al última parte, avanzó hasta el cuarto de sus hermanos. En lo alto de la cuna, Tanya dormía pacíficamente con su ligera respiración acompasada, su escaso cabello rubio estaba pegado a su frente por un ligera capa de sudor, el la miró casi pasando sus dedos por su carita pero sin atreverse a perturbar tal quietud. En la cama individual a su lado el pequeño cuerpo de Anthony  se perdía en el medio, los hombres en su familia parecían una copia idéntica, Edward se permitió acariciar el cabello cobrizo de su hermanito mientras se sentaba en la cama lentamente y por fin lloró en silencio, ellos se habían quedado solos, los diminutos cuerpos frente a el dependían de Edward…. ¿Quien diablos había deseado eso?, ¿Que idiota podía considerarlo correcto?