Fanfic
"Cuando te han quitado lo que te era mas importante y te han dejado solo, la vida parece demasiado injusta y sin sentido, ¿Que es lo que hace que valga la pena comenzar de nuevo?, Edward Cullen ha dejado sus sueños de lado, los de Bella Swan se han marchitado en solo un instante, con tan solo unas palabras...ambos solo buscan algo a lo que sostenerse" AU, OCC
Prologo
Edward levantó la mirada para fijarla en las sabanas blancas mientras seguía moviéndose, chocando sus caderas contras las de la bien dispuesta mujer bajo a el, Lauren gimió alzándose a su encuentro mientras el sonreía y sujetaba sus brazos hacia arriba con una mano y con la otra sostenía firmemente una pierna esbelta hacia arriba contra su espalda, la profundidad se volvió incluso mas de lo que el podría soportar, era magnifico, el echó la cabeza hacia atrás un momento y después comenzó un ritmo alocado, los sonidos húmedos inundaron la habitación mientras el agachaba su cabeza y buscaba sus labios llenos y apetecibles, ella lo mordió delicadamente casi llevándolo al limite y el recorrió su pierna y llevó su mano hacia su entrepierna, la separó con los dedos y encontró el hinchado y palpitante….
Su teléfono móvil sonó, trató de ignorarlo, y empujó más fuerte, podía sentir las primeras contracciones del cuerpo de Lauren envolviéndolo, estaba tan cerca.
El timbre del teléfono parecía taladrar su cabeza, algo poderoso lo arrastraba hacia el, su piel pareció demasiado fría para las actividades del momento, empujó de nuevo, pero ni la dulzura de la fricción de la piel pudieron cautivarlo a través del malito sonido.
-Maldición-, murmuró mientras salía de ella y se arrodillaba en la cama buscando sus pantalones en el reguero de ropa.
-Edward-, la voz de Lauren era solo un gruñido agudo.
El levantó una mano callándola, no necesitaba sus quejidos, lo único que esperaba era poder hacer desaparecer el maldito sonido.
Se levantó y cogió sus pantalones mientras sacaba su móvil, era un numero privado, uno demasiado insistente, frunció el ceño y contestó sin pensarlo.
-¿Si?-, murmuró molesto
-¿Edward Cullen?-, fue la contra pregunta
-Soy yo, podía decirme que diablos se le ofrece-, contestó sin poder dejar de lado la irritante frustración.
-Hablamos de la estación de policía, sus padres estuvieron implicados en un accidente automovilístico necesitamos que…-, Edward no escuchó todas las palabras siguientes, su mente estaba embotada, su cuerpo flácido y su alma cada vez mas helada.
Se vistió sin ninguna explicación hacia la mujer en la cama.
-¿Qué diablos haces?-, preguntó ella pero el ya estaba saliendo del departamento.
Las manos le temblaron contra el volante, trató de tranquilizarse inútilmente y condujo poseído hacia la estación de policía indicada.
Su padre y Maggie siempre salían a cenar los sábados, si bien no era cierto el “sus padres” en la oración del oficial, consideraba a Margaret mucho mas que la segunda esposa de su padre, el había sufrido mucho cuando su madre murió, Elizabeth había sido su vida, pero Maggie había sido su salvación, su padre había vuelto a sonreír y a… vivir, ella le había dado dos hermosos hijos y a el dos hermanos a los que quería mas que nada.
Cerró los ojos deseando que todo fuera una falsa alarma, recordándose con los niños se quedaban en casa con una niñera, según su padre le había comentado.
Golpeó las manos en el volante y acelero a través de la calle oscura.
La estación de policía parecía hervir de actividad desmintiendo la ya hora cercana a la medianoche.
Pidió informes y explicó la llamada al menos a tres personas diferentes antes de estar frente al oficial de la llamada.
-¿En que hospital están?-, preguntó, cortando sin miramientos la explicación del accidente que un desquiciado alcohólico había provocado.
-Sr. Cullen sus padres…no sobrevivieron, Edward y Margaret Cullen murieron en el lugar-, los ojos del policía de cabello encanecido estaban llenos de...cansancio.
Edward cerró los ojos y negó con la cabeza, no, no era cierto, se pasó la mano por el rostro y el olor al sexo pasado lo hizo odiarse a si mismo, no recordó firmar los papeles o la conversación con el personal de la funeraria, el camino a la casa de su padre fue como un sueño difuso, sus ojos estaban muy abiertos, parpadear parecía una tarea demasiado complicada.
Cuando tocó el timbre una señora mayor abrió la puerta con el ceño un poco fruncido.
Edward trató de entrar peor ella lo detuvo dudosa, al parecer el parecido fisco con su padre no era suficiente.
-Disculpe, ¿Quién es usted?-, preguntó con voz firme y un ligero temblor al final.
Edward cerro los puños y tuvo que dar explicaciones que no deseaba, solo quería desaparecer, no, antes necesitaba verlos…
La Sra. Carmen se despidió dejándole su número telefónico y dándole un sentido pésame, Edward ya no escuchó al última parte, avanzó hasta el cuarto de sus hermanos. En lo alto de la cuna, Tanya dormía pacíficamente con su ligera respiración acompasada, su escaso cabello rubio estaba pegado a su frente por un ligera capa de sudor, el la miró casi pasando sus dedos por su carita pero sin atreverse a perturbar tal quietud. En la cama individual a su lado el pequeño cuerpo de Anthony se perdía en el medio, los hombres en su familia parecían una copia idéntica, Edward se permitió acariciar el cabello cobrizo de su hermanito mientras se sentaba en la cama lentamente y por fin lloró en silencio, ellos se habían quedado solos, los diminutos cuerpos frente a el dependían de Edward…. ¿Quien diablos había deseado eso?, ¿Que idiota podía considerarlo correcto?